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Sí, yo estudié Magisterio

Dentro de dos semanas se cumple un año desde que entre en Kabel, una consultoría informática situada cerca de Chamartín, Madrid. Ahora, a mis casi 28 años, me paso el día rodeado de informáticos, ingenieros y en general, gente que habla un idioma que a veces cuesta entender a muchos; incluso a mí.

Porque sí, yo estudié Magisterio.

Actualmente estoy en el área de Marketing Digital, principalmente con grabación y edición de vídeo, sin embargo, a lo largo de este año he tenido la oportunidad de desarrollarme y crecer en muchos otros campos que me eran totalmente desconocidos, como por ejemplo: programación Web o desarrollo para realidad Mixta.

Este es un post muy personal. A lo largo de estas líneas iré desarrollando lo que han sido los últimos años de mi vida, mis fracasos y logros; la depresión. No es fácil escribir esta entrada, por la exposición pública que representa y por las heridas que levanta. Pero a veces pienso que debo hacerlo, por si algún lector que se cree solo, desamparado, o si ha sentido alguna vez, o siente, la soga en el cuello.

Bachiller y La Escuela de Arte

Terminé la ESO e ingresé en la Escuela de Arte de Guadalajara (Ahora llamada Elena de la Cruz). Fueron dos años emocionantes, de descubrir cosas nuevas y conocer gente que, por desgracia, irían desapareciendo de mi vida de forma gradual al ritmo que el tiempo pesaba más que las ganas. Allí aprendí teoría de color, conceptos artísticos, fundamentos de diseño… en definitiva, una buena base sobre la que construir una carrera artística.

Pero llegó la selectividad.

No nos engañemos, en aquella época no era el mejor de los alumnos y no me había interesado especialmente por mi futuro. Me gustaba algo que se hacía llamar comunicación audiovisual, de hecho, llevaba años produciendo cortometrajes con mi asociación, La Quimera en Corto, pero por X o por Y no le veía ningún futuro a dicha carrera y sinceramente, tampoco me informé más al respecto. Veía el trabajar en algo audiovisual como un nicho al que solo están destinados cierto número de selectas personas y desde luego, yo no era una de ellas.

La oferta universitaria está especialmente limitada y existe una gran desinformación, sobretodo en ese sector y no me apetecía estudiar cuatro años para, con suerte, terminar siendo parte del equipo de algún programa de televisión en una posición que tampoco me terminaba de llenar.

Así que después de un verano fregando platos en un pueblecito de Gales, me matriculé en Magisterio de Educación Primaria.

Magisterio, la universidad y el declive

No, yo no quiero ser profesor. Soy demasiado ¿ambicioso? Quiero que mi nombre aparezca en una gran producción de Hollywood, participar en el próximo gran evento digital, quiero llegar a casa agotado porque mi cabeza no da para más, quiero aprender, crecer y ser cada día mejor. Y ojo, no busco despreciar la labor de maestro, ni mucho menos; simplemente, no es para mí.

Entonces ¿Por qué estudié magisterio? Quizás esta sea la pregunta que más veces he respondido en entrevistas de trabajo y siempre respondo lo mismo: Estabilidad. Lejos de mis sueños, el trabajo de maestro es relativamente cómodo: tienes un sueldo fijo, a pesar de que te tienes que ir renovando, no es con tanta frecuencia como en otros sectores; buenas vacaciones, etc. Estudié esta carrera para encontrar una estabilidad y desde ella, intentar llegar a mis metas.

El problema es que Magisterio no es como otras carreras, lejos del “pinta y colorea”, Magisterio es vocacional y yo, no tenía esa vocación.

No había terminado el primer año de carrera cuando me di cuenta de que cada día que pasaba, me sentía un poco más lejos de mis sueños. No estudiaba, no atendía en clase, no tenía motivación ninguna y poco a poco y casi sin darme cuenta, empezaron a entrar pensamientos nocivos en mi cabeza.

Oposiciones y la falta de ilusión

Si a mi me faltaba motivación y vocación para ser maestro de educación primaria, no quiero ni decir para estudiar unas oposiciones de algo que no me llenaba en absoluto.

Por aquel entonces trabajaba en el Décimas de Guadalajara, ya había estado durante la carrera en otras tiendas, pero esta vez era distinto. Ahora tenía una carrera y a pesar de que no quería ejercer de ello, sentía que debía hacerlo. Abandoné a posiblemente, uno de los mejores equipos de trabajo con el que tendré el placer de cruzarme, para volcarme 24/7 en estudiar las oposiciones para maestro.

Nunca fui buen estudiante, no iba a ser mejor sin motivación.

A pesar de las horas o los días que le echase, no había manera de asimilar una teoría que mi cabeza se esforzaba en rechazar bajo pensamientos negativos, desmotivación, desilusión y toda clase de malos calificativos que podamos pensar.

Dos años lo intenté, dos veces suspendí.

Depresión

El monstruo invisible. Viene, devora, te consume por dentro. Se mete tan profundo en tu alma que casi llegas a creer que es parte de ti, que simplemente, tu eres así. Que ya está. Que no hay solución.

A pesar de mis vaivenes, considero 2015 como el punto de partida de mi enfermedad. Había suspendido mis primeras oposiciones con poco más de un 2 y me empezaba a preparar para las siguientes en un ciclo al que no le veía fin.

Solo sentía que tiraba años de mi vida estudiando una carrera que no me gustaba y unas oposiciones que no quería.

No sentía motivación por nada, no sabía valorar las cosas bonitas que me pasaban, ni a la familia ni los pequeños logros del día a día. Nada. Simplemente me repetía a mi mismo una y otra vez: “Cuando logres tu objetivo estarás bien, solo esfuérzate un poco más”, en los peores días, mi voz interna solo se limitaba a recordarme “Nunca llegarás, no vales”, “Da igual lo que te esfuerces, no servirá de nada”.

Comencé a vivir en un constante bucle de malas decisiones, las musas empezaron a volar lejos de mi y sin darme cuenta, fui contaminando mi entorno y a mí mismo, lentamente.

Mi pareja de entonces consiguió convencerme para estudiar en CICE un Máster de Efectos Especiales 3D de Houdini y después de una visita a MundosDigitales, me matriculé. No fue fácil, ya se habían instaurado ciertas creencias en mi que me lastraron durante la formación; además, yo estudié magisterio, no tenía formación 3D, por lo que tuve que echar bastantes horas extras para ponerme al día en un máster que de por si no era sencillo, ya que Houdini no es que sea la panacea del User Friendly.

A día de hoy, tengo la espina de que ojalá hubiera sabido disfrutarlo mejor en su momento. Pero por aquel entonces, simplemente, no supe. Hice mi reel y me fustigué una y otra vez porque Vengadores, El Planeta de los Simios y Star Wars se veían mejor que mi producción casera. “Si quería llegar a algún sitio, tenía que dar el doble que el resto del mundo. Tenía que ser el mejor”.

Habíamos entrado en 2018 cuando llevaba más de 2 años sin encontrar trabajo de ningún tipo. Mis compañeros de carrera estaban en colegios, mis compañeros del máster estaban empezando a entrar en estudios de VFX y yo, simplemente no era capaz de conseguir nada; ni una triste entrevista.

Me sentía un auténtico fracasado.

Si te sentías así ¿Por qué no dijiste nada? Como decía antes: “Cuando logres tu objetivo estarás bien, solo esfuérzate un poco más”. Entré en un bucle en el que solo estudiaba, casi ni tenía tiempo para comer, casi ni dormía. Estudiaba Houdini, estudiaba Maya, Python, Nuke, Davinci, Adobe, Unity, GNU/linux… me consumía leyendo manuales y mirando tutoriales; me maltrataba cuando Vengadores seguía molando más que mi escena.

“La depresión no existe, la depresión son los padres”. La depresión es invisible, es un monstruo que te consume por dentro hasta dejarte en los huesos, pero que nadie puede ver, ni tú mismo. Es una enfermedad limpia, transparente, no te palidece la piel como un cáncer, no te pone la nariz roja como un constipado. Pero te mata.

La depresión es tabú, nadie sabe de ella y nadie quiere saber. No sabemos combatirla, no sabemos detectarla ni sabemos entenderla; solo sabemos decir “anímate”, “ya saldrá”; solo sabemos ridiculizarla “eres muy negativo”; solo sabemos menospreciarla “es un bajón, ya se te pasará”.

No puedes hablar de algo que no se entiende, que no existe.

El fondo

Me hablaron de que buscaban gente en la logística de Inditex, que pagaban bien, que no era un trabajo muy físico, etc. Así que eché mi maravilloso CV e hice una entrevista con un pantalón de chándal y una sudadera.

En febrero de 2018 comencé a trabajar en la logística de Inditex.

El trabajo era cómodo, no tenías preocupaciones, no tenías responsabilidades, cobrabas puntualmente y en especial las horas extras y festivos, se cobraba bien. Sin embargo, no era para mí, no me veía trabajando ahí.

Pecaba de monótono, tedioso y, sobre todo, de excluir totalmente a la cabeza de la ecuación. Todo eran tareas repetitivas que podías hacer inconscientemente, cuando no, era algo físico que tampoco requería mucha sesera y eso, querido lector, es el peor trabajo del mundo para alguien con depresión.

Pasaba 8 horas diarias dándole vueltas a mi hilo de pensamiento tóxico: “¿Qué hago aquí?”, “¿Me merezco esto?”, “¿Por qué nunca consigo mis objetivos?” … A esto se sumó a que mi pareja se fue a vivir lejos y se distanció, casi ni hablábamos y poco a poco, se desmoronó lo poco que me ataba al mundo; los fragmentos de lo que en algún momento fueron los pilares de mi vida.

Y entraron otros pensamientos en mi cabeza.

El miedo a vivir. El vivir esperando la siguiente hostia. Las ganas de dejarlo todo.

Me llamaron de una entrevista en Ilion, que no superé; fracasé 2 veces en la misma prueba para entrar a MPC, también caí en la prueba de Mercury Steam.

Un día en mi rutina de echar CVs/estudiar, apliqué sin mucho ánimo a una oferta de InfoJobs, en la que una tal NETT Formación, se encargaba de buscarte entrevistas para entrar de prácticas si hacías su máster. Así que sin muchas ganas eché mi CV.

Hice una entrevista para una empresa cuyo nombre ni me acuerdo y antes de hacer la segunda, llamé a NETT Formación diciendo que no quería ir, que viendo la primera empresa, no me motivaba lo que me estaban encontrando; pero me convencieron de que esta empresa era distinta e hice la entrevista en Kabel.

El 18 de Diciembre de 2018 empecé a trabajar allí.

Tratamiento

Toqué fondo del todo cuando terminó la relación con mi expareja. Después de una dolorosa y abrupta ruptura se contaminaron aún más mis pensamientos y mis padres me propusieron buscar psicólogo, tardé unas semanas en admitir que sí, que lo necesitaba de hace años. En la seguridad social me daban cita para muchos meses después así que empecé a ir a una clínica privada, Origen. De la mano de la psicóloga Marian Barrantes.

El tratamiento no es fácil, no es una gráfica de evolución creciente en la que todos estamos contentos, para nada; es una montaña rusa en la que aprendemos a vivir con una enfermedad y a que los días malos cada vez sean menos malos y menos frecuentes. A mirar las cosas con perspectiva, a entender el problema y a entender que no, que tu no eres así. Que no has nacido, eres y serás triste.

Aprendes a vivir. Aprendes a salir del bucle que te impedía disfrutar de las cosas que antes te gustaban y ahora, ya no te interesaban. Vuelves a sonreír por primera vez en mucho tiempo, de verdad, de alegría, no de compromiso o por aparentar una inexistente capacidad para sentir.

Dejas de estar hueco.

Confesé la situación en Kabel cuando acabé en urgencias por una crisis de ansiedad y comencé a medicarme. Lejos del prototipo de la empresa malvada que suele comentar la gente por LinkedIn en posts enfurecidos, desde Kabel, se me brindó todo el apoyo del mundo tanto a nivel profesional como personal. Y les estaré eternamente agradecido.

Nueva perspectiva

Me queda mucho trabajo por delante. A pesar de que ahora soy capaz de llevar una vida normal, sigo teniendo muchas creencias arraigadas en el fondo de mi ser que me impiden estar siempre al 100% anímicamente. Pero, querido lector, se puede. Se pueden construir nuevos pilares sobre los que apoyarte, se pueden lograr los objetivos que te plantees y, sobre todo, se puede hacer mucha autocrítica.

Han sido años horribles, pero entre toda la podredumbre personal, puedo rascar muchas cosas buenas. Las lecciones de vida, los conocimientos que adquirí en mi obsesivo ciclo echar CVs/estudiar y que ahora, me permiten tener el trabajo que tengo (para nada estoy recomendando ese bucle), las señales de que algo no va bien, que llorar es normal, que la comparación no aporta.

Que hay que pedir ayuda.

Que lo has oído tantas o más veces que yo pero, todo llega.

Con fe, constancia y trabajo.

Que la vida da muchas vueltas, que no tienes que obcecarte en una cosa.

Porque sí, yo estudié Magisterio.

Que no nos tiene que dar miedo reconocer cuando tenemos un problema, porque sí, la depresión es una enfermedad.

Y tiene cura.

4 Comments

  • Pilar

    Interesante tus reflexiones, seguro que va a aportar luz a muchos. Considero que la depresión empieza a curarse desde el momento que eres consciente que la estas sufriendo y necesitas ayuda. Te deseo mucho éxito en todo lo que emprendas

  • Patricia

    Buenas Sergio! He abierto mi linkedin y me he topado con tu historia. Es muy difícil abrirse de ese modo así como así y tú lo has hecho y eso es de ser muy valiente. Te he leído hasta el final y me ha conmocionado tu historia; en mi caso te entiendo perfectamente porque nunca he sentido vocación, nunca he opositado porque no le veía sentido y también he tenido vaivenes emocionales y trabajos de mierda. A pesar de no haber hablado mucho en la universidad y leyendo tu relato, entiendo que no era nuestro momento de encontrarnos pero que si necesitas hablar o lo que sea, aquí estoy.
    Te mando un abrazo fuerte, mucha suerte y sobre todo mucho ánimo, siempre para arriba!

    • @ramirezrubiofx

      Hola Patricia, cuánto tiempo!
      Muchas gracias por tu comentario y apoyo; me alegro muchísimo de que hayas llegado hasta aquí.
      Espero que todo vaya bien ¿Estabas con fotografía me quiere sonar? Estoy muy contento por todo el feedback que estoy recibiendo a raíz del post, desde apoyo personal hasta gente contándome sus experiencias. Es algo muy bonito.
      Muchas gracias de nuevo 😊
      Un abrazo y muchísima suerte en todo lo que te propongas!

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